Senja o “Noruega en miniatura”

Antes de llegar a Noruega, un compañero de trabajo me dijo que Senja era un destino precioso. Él había ido en verano y creía que en invierno también podía ser bonito.

Nuestro viaje a Noruega constaba de 4 días en total, y hasta ahora ya hemos gastado dos. También me hubiera gustado ir al Polarzoo que está por ahí cerca. Pero no se puede tener todo.

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Nos levantamos bien pronto, como ayer, para aprovechar las horas de sol. Para este día tenemos pensado ir hacia Senja, una isla más al noreste de Tjeldsund, donde nos encontramos nosotros, y que parece ser que todo el mundo reconoce como preciosa.

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Está a unas 3 horas y media en coche…

Salimos de casa con una idea muy clara:

Lo importante no es el destino, sino disfrutar del camino hasta llegar a él

Suena a típica frase motivacional, pero en nuestro caso tiene un sentido literal, y es que después del fracaso de nuestra visita a Svolvaer de ayer, hemos asumido que lo importante en este viaje es disfrutar de los paisajes que nos ofrezca el camino, y no de las ciudades a las que nos dirijimos.

Con esta nueva determinación emprendemos el viaje, parando siempre que Rosa, mi suegra, quiere sacar fotos. Dándonos la satisfacción de ir saliendo del coche cada vez que el paisaje nos quita la respiración. Y eso es muy a menudo.

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Buenos días, Noruega

Al principio únicamente nos centramos en nuestros alrededores. Bajamos del coche cada 100 metros y paseamos, correteamos, jugamos. Avistamos renos. Parece ser que aquí los tienen como ganado, pero sin cerco. Corren por ahí en libertad. Animales gigantes, por cierto.

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Una selfie dentro de una selfie

A medida que nos alejamos de Tjeldsund el paisaje empieza a cambiar. Se vuelve más gélido, pero no por ello menos impresionante.

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Empezamos a avistar lagos a medio congelar

En este tipo de paisajes nos volvemos como niños: echamos fotos y tiramos piedras al hielo de los lagos, probando su consistencia. Algunos meditamos mientras pisamos la maleza congelada. En general, Noruega nos trae paz de espíritu.

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Nos adentramos en la nieve

Tras 3 horas de trayecto, llegamos a Senja. Son las dos de la tarde pero ya empieza a atardecer. El gps insiste en llevarnos hacia algún punto del interior de la isla. Al no saber a dónde dirigirnos, decidimos seguirle. Finalmente descubrimos lo que pretende: llevarnos a un punto muerto. Damos media vuelta, y nos paramos en un pueblo cercano a comer. La isla de Senja no es lo que más nos impresiona, pero el trayecto hasta allí ha sido mágico.

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Paisaje de Senja, juzgad vosotros mismos

Nuestra última parada será Finsness, una pequeña ciudad costera, que pese a ser pequeña en comparación con las que estamos acostumbrados en casa, es de las más grandes que nos hemos encontrado últimamente. No os engañaré, Finsness no es una ciudad a la que os recomendara ir a hacer turismo. De hecho nosotros venimos con un objetivo muy concreto: comprar carne de reno.

Encontramos finalmente un preparado para estofado de carne de reno, que pese a que no es el que el chico del super nos recomienda, es el más barato, y no baja de los 17€. Almenos lo pagaremos entre 3.

A la hora de la cena, preparamos la carne a la sartén con sal y pimienta. Por desgracia para Jesús y mi suegra, soy yo quien la cocina y me paso de largo con la pimienta. Si no fuera por eso, estaría bastante buena. El olor es fuerte pero de sabor y textura no es demasiado diferente a la ternera.

Nos refugiamos en el calor y la tranquilidad de nuestra casita de madera para pasar la noche. Esta es nuestra última oportunidad de ver la aurora.