Excuse me, Sir! ¡Me voy a Londres!

Antes de empezar por el primer día, empecemos por la noche anterior. Se me ocurrió hacer algo que debí haber hecho mucho antes: mirar los comentarios del hotel que habíamos reservado en Booking. Cuál fue mi horror al ver que eran catastróficos…

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En resumen, me voy a la cama con un pseudo ataque de ansiedad. El alojamiento en concreto se llama King’s Cross Guesthouse, está bastante bien ubicado y es barato. Está cerca de la estación de King’s Cross, y nos ha salido por 100 euros  entre los dos, tres noches. La verdad es que no sé en qué estábamos pensando cuando pusimos el listón tan bajo. Ni en Segovia nos salió tan barato.

Me levanto agotada de no haber apenas dormido debido a la preocupación. Espero que las opiniones sean exageradas.

Ahora sí, empecemos con el primer día de nuestro viaje a Londres.

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Llegamos al Aeropuerto de Standsted después de dos horas y media de vuelo y, tras prácticamente una hora de cola para revisar nuestro DNI, una señorita muy borde nos dice que no hay autobús directo hacia King’s Cross, si no que tenemos que pasar obligatoriamente por la City de Londres (el distrito financiero), por una estación llamada Liverpool Street. Os indico que el precio del bus es bastante más barato que el tren, el cual también podéis coger desde el aeropuerto. En nuestro caso pagamos 16 libras de ida y vuelta.

Casi una hora más tarde llegamos a Liverpool Street. Vaya siestecita me he echado en el bus, pese a lo estrechos que estábamos.

Llegamos al centro del distrito financiero, con sus edificios gigantes de cristal y vamos hacia el metro de Liverpool Street Station. Vamos directos al hotel. A todo esto, el propietario aún no me ha confirmado la hora de llegada. ¡A la aventura!

En la estación de Liverpool Street podemos encontrar tanto el tren de cercanías como el metro. Por eso, si queréis comprar la Oyster Card como nosotros, os recomiendo que os adentréis más en la estación y vayáis a las máquinas azules, ya que las rojas son para los trenes.

La Oyster Card es el abono de transporte recargable. 
Lo tienen en muchos países y ciudades (Madrid, por ejemplo). 
Pagas 5 libras como depósito y se te da una tarjeta de plástico en la 
que puedes recargar el dinero destinado al transporte. 
En Londres es muy cómodo porque para la zona 1 y 2, que es básicamente el
centro, y donde se encuentra todo lo interesante, te cobran por trayecto 
hasta un límite de 6,80 libras al día. A partir de ahí el transporte de 
ese día te sale gratis. 
Tip: Las 5 libras del depósito no te las devuelven en cualquier estación. 
Por ejemplo, en el aeropuerto no podréis solicitar su reembolso.
En Liverpool Street Station sí. 

Como ayer me leí todos los comentarios del hotel, sé que no está en la ubicación que pone en Booking, sino en una a 20 minutos a pie de distancia. Así que hacia allí vamos. Al llegar nos damos cuenta de que no somos los únicos que no pueden acceder al hotel, por llamarlo de alguna forma ya que es una casa vieja. Llamo al propietario y vía Whatsapp me indica cómo acceder.

La casa por dentro está mejor de lo que me esperaba y no encuentro rastro de chinches por mucho que me esfuerce. El colchón parece de mala calidad, está desnivelado, pero en general la habitación parece cómoda y limpia.

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Bueno, no estaba mal

Salimos corriendo ya que tenemos hora para el último pase del London Eye, que ya está pagado, así que no se puede perder. Para los que no lo sepáis, el London Eye es esta noria gigante tan famosa, y un dato curioso es que está patrocinada por Coca Cola. Según parece, por lo poco que me he informado, va cambiando de patrocinadores.

Para ir hacia el London Eye nos bajamos en Waterloo Station y no nos cuesta identificar el camino hacia la noria, pues está muy bien señalizado. La atracción se puede reservar en su página web se puede reservar por pases y cada vuelta dura más o menos media hora.

Las vistas del atardecer de Londres resultan preciosas y para aquellos que, como yo, temen a las alturas, no debéis preocuparos ya que la estructura de la noria es muy fuerte y apenas se tambalea.

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En lo más alto

Al bajar de la noria ya es completamente oscuro, pero aún así nos dirigimos hacia el número 10 de Downing Street, donde vive el Primer Ministro. No llegamos a ver la puerta debido a que unos guardias nos impiden el paso.

Cruzamos al otro lado de la manzana para dirigirnos a St. James Park, que también estaba en nuestra lista para hoy, pero es tan oscuro y está tan mal iluminado que decidimos dejarlo para mañana e ir a cenar por la zona de Picadilly Circus. Coincidimos con Jesús en que esta zona se da un aire a la Gran Vía de Madrid.

Estamos cansados así que nos decidimos para cenar en un Pret a Manger, una cadena de comida rápida con un rollo más casero que está por todo Londres.

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Sopa de verduras, una especie de fajita, patatas fritas, limonada, agua, plátano…

La verdad es que me gusta bastante y es muy barato.

Para acabar atravesamos el barrio chino, que me enamora y llegamos a Soho, la zona de fiestas y barrio gay. Busco en google un listado de los mejores pubs de Londres y nos decidimos por Coach & Horses, en el que parece ser que también podríamos haber cenado.

El sitio es pequeño pero acogedor y, pese a las 6 libras que nos cuesta la cerveza, nos encontramos muy a gusto. Un precioso gato negro recorre las mesas del pub mientras Jesús y yo tenemos una animada charla en inglés.

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Coach & Horses, en el barrio de Soho

Agotados y muertos de sueño, volvemos al hotel.

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