Londres desde arriba

Nos despertamos bien pronto, como ayer, después de haber tenido una noche movidita:

Llegamos al hotel ayer por la noche y hacía un calor insoportable. 
El termostato que sirve para todas las habitaciones estaba puesto a 
30 grados. En la habitación no se puede estar. Bajamos el termostato, 
y aunque uno de los radiadores se apaga, el otro tira a toda mecha. 
Nos estiramos pero es imposible dormir. Abro la ventana, pero esta no 
se aguanta abierta. Hago un invento y coloco una de las cortinas de manera 
que prevenga que se cierre la ventana.
Dormimos durante un rato hasta que un ruido procedente de la puerta 
nos despierta. Levanto el cuello y, para mi estupor, la puerta se abre 
y de ella se asoma una cabeza. Él me mira. Yo lo miro. Jesús lo mira 
también.

Sorry.

Tras emitir esta breve palabra, la cabeza desaparece y la puerta se cierra.

Horas después nos despertamos, habiendo dormido bastante mal entre una cosa y la otra. Como a estas alturas del viaje no hemos podido respetar la planificación inicial, decidimos aprovechar el último día para visitar únicamente atracciones que estén incluidas en la London Pass. Para amortizarla.

La primera parada será hacer un recorrido con el bus turístico. Nos dirigimos a la parada más cercana, en frente de la estación de King’s Cross. En ella espera un grupo de gente, y también un chico que parece trabajar para una de las compañías que ofrece este servicio, Golden Tours. Como no vemos a ningún otro comercial por la zona, le compramos a él el billete.

Aparentemente, aún quedan 20 minutos para el próximo bus, así que decidimos ir al andén 9 y 3/4 de la estación de King’s Cross. Para los que no sepáis a qué me refiero, es una referencia a la saga de Harry Potter.

El andén 9 y 3/4 es una atracción turística y se ha ideado, muy inteligentemente, una cola donde la gente espera a que un fotógrafo profesional les eche una foto saltando mientras sujeta la carretilla de Harry Potter. Pese al poco sentido que puede tener echarse esa foto, Jesús y yo decidimos no perder el tiempo e ir directamente a la tienda de merchandising que hay justo al lado.

Nos paseamos por ella un rato y nos decidimos por:

  • Una placa con un dibujo del Mapa del Merodeador
  • Unas grajeas de todos los sabores (¡TODOS! Incluso huevo podrido y suciedad).
  • El primer volumen de La Piedra Filosofal con la edición del 20 aniversario de la Casa Gryffindor (MI casa).

Volvemos hacia la parada y mientras probamos las grajeas de Bertie Botts, llega el autobús. Nos sentamos en la planta de arriba, en la zona descubierta y el autobús empieza su recorrido.

Catedral de San Pablo

El recorrido resulta interesante ya que pasa por todas las atracciones importantes pero el servicio es de una calidad muy baja. La grabación no va bien acompasada con el recorrido, se corta cuando va a explicar cosas importantes, la traducción al español es francamente lamentable.

En resumen, no lo recomiendo. Con el London Pass te viene incluido pero si no te puede costar fácilmente 34 libras. Y no lo vale, para nada.

Decidimos bajarnos a medio recorrido ya que sentimos que estamos perdiendo el tiempo sin aprender nada nuevo de la ciudad. Decidimos aprovechar otra atracción que incluye el London Pass: el búnker de guerra de Winston Churchill.

Aquí sufrimos otra injusticia. Para entrar en el búnker, se forman dos colas: una prioritaria y otra ordinaria. Resulta que la prioritaria, no incluye a aquellos que tenemos el London Pass, únicamente aquellos tickets que se hayan comprado en la web oficial. ¿Acaso hay diferencia? ¿No hemos pagado ambos para acceder? Pues no, y nos comemos una hora de cola.

Pese a la hora de cola, si os gusta la historia de la Segunda Guerra Mundial, Churchill, o habéis visto la gran película El instante más oscuro, lo disfrutaréis. Está muy muy currado. El London Pass incluye la audioguía, que te explica la historia del búnker perfectamente. Y vale la pena. Lo recomiendo. Eso sí, preparad horas si queréis enteraros bien de toda la historia. Nosotros lo pasamos de puntillas para aprovechar el tiempo.

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Churchill solicitando ayuda a los EEUU

Al salir del búnker vamos hacia la tienda de Twinings.

Si os gusta el té os recomiendo ir. Yo iba para encontrar uno en específico de mango y lichi, pero ya que estamos ahí compro una bolsita de cada tipo. A 20 céntimos la bolsita.

A continuación, decidimos tomar el tour por el Támesis que también nos incluye el London Pass (estamos intentando aprovecharlo al máximo, como veréis).

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Me encantan los tours fluviales

Lo disfruto muchísimo, ya que la mayor parte de atracciones de Londres está cerca del río. Por dentro, el barco es muy grande y no está nada masificado.

Al salir del tour nos preparamos ya que esta noche es el concierto de Txarango.

Como aún nos sobra un poco de tiempo antes del concierto, vamos hacia The Shard, el edificio más alto de Europa Occidental. El edificio por fuera es precioso, parece que lo más alto esté inacabado. Al llegar nos espera una cola medianamente larga. A pesar de tener el London Pass, aquí también dividen entre cola prioritaria y no prioritaria. Y nosotros estamos en la segunda. Tras un ratito de cola, un ascensor nos lleva a una velocidad vertiginosa hasta el último piso.

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Tomada con el móvil a 300 metros del suelo

Vamos a cenar a un restaurante cercano al apartamento llamado Honest Burger. Es una cadena que está por todo Londres. La hamburguesa está buenísima. Lo recomiendo mucho.

Después de la cena, vamos hacia el lugar del concierto, justo al lado de la estación. La sala se llama Scala y tiene varios pisos, uno central donde puedes ver al grupo en directo, uno en medio que parece una especie de zona VIP y uno superior, con un pequeño balcón que es donde estuvimos nosotros, ya que el central ya estaba a reventar cuando llegamos.

Agotados después del concierto, volvemos al hotel.


2 am. Aproximadamente.
Alguien está picando en la puerta de la habitación.
Jesús, despierta. ¿Quién es?
Soy el hermano del propietario, vengo a por mi dinero.

Con esta premisa podría empezar una buena novela de crímenes. Por suerte, en nuestro caso no acabó en sangre. El chaval insistía en querer cobrar su dinero sin aportar grandes pruebas de su identidad. Al final llamé a la policía. Como ésta no nos tomaba en serio, tardaron aproximadamente 40 minutos en llegar. En ese rato nos dio tiempo a hablar con el chico, y una vez nos dijo el importe exacto a pagar, le dimos el dinero.

Nuestra última noche en King’s Cross Guesthouse acabó con un susto de muerte, la policía dentro de nuestro apartamento, y con nosotros pagando a un supuesto hermano de un propietario que no se ha vuelto a pronunciar al respecto.

Nunca más.