Fados en Oporto

Mi primera impresión de Oporto ha sido muy buena. Buen tiempo, una ciudad con un estilo decadente pero acogedora y amable con sus visitantes. Me encanta pasear por su puerto rodeado de casitas bajas y almacenes semi-abandonados mientras me llega el sonido de la guitarra clásica de algún músico ambulante. Pese a estar a finales de enero, Oporto huele a primavera.

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Como nos encontramos con mucha energía nada más levantarnos (después de habernos puesto morados con el desayuno del hotel), decidimos ir andando desde donde nos encontramos hasta Oporto. Siguiendo los pasos del tranvía nos damos cuenta de que este no sigue el mismo camino que deben seguir los peatones. Sus vías nos conducen al puente que divide ambas ciudades, pero a la parte superior del mismo, no a la peatonal. Necesitamos una manera para bajar hasta las orillas del Duero.

Investigando encontramos un modo de bajar: el Teleférico de Gaia. Os dejo su página web que os muestra toda la información.

No soy muy fanática de las alturas pero reconozco cierto grado de masoquismo ya que me gustan bastante los teleféricos, aunque luego lo pase mal. Nos subimos, aunque reconozco que no es el método más económico para bajar a las orillas del Duero.

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Yo, haciendo ver que no pienso en un posible descuelgue del teleférico

La verdad es que el trayecto es caro y corto pero para mí merece la pena.

Al llegar al suelo, nos dirigimos hacia la Muralla Fernandina. Estas antiguas murallas que envuelven Oporto tienen parte de su trazado muy cercano al río. Aunque se pueden ver desde la misma orilla, existe la posibilidad de tomar un funicular (de pago) para llegar a la zona superior. El funicular también ahorra una subidita a pie. Oporto tiene muchas de estas subiditas mortales.

Al llegar arriba descubrimos que lo único que se puede hacer con la muralla son fotos

Decidimos volver a bajar hacia el río ya que queremos hacer el tour por el Duero que incluía el pack que contraté. Para bajar nos perdemos por unas callejuelas muy acogedoras, refugiadas en la sombra.

El ambiente de estas calles es tranquilo. Un par de vecinas se encuentran en uno de los peldaños de las escalinatas para marujear un poco. Al torcer la esquina, hay una pequeña terraza improvisada de un bar donde se toca música. La puerta de una de las casitas está abierta, y descubrimos que se trata de un apartamento turístico con vistas al Duero. En una de las paredes del apartamento descansa una guitarra clásica. Un gato corretea de una casa a otra. Se respira paz.

 

 

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La cámara no capta del todo la belleza en los colores

En el recorrido por el Duero somos 4 gatos, y nos llevan de un extremo al otro de Oporto, sin llegar a la desembocadura, aunque nos permite verla en la distancia.

Para comer vamos al McDonald’s. Sé lo que pensáis, no es cocina local, pero me parece curioso ver como en cada país McDonald’s intenta personalizar un poco su oferta, y me hace gracia probar lo que ofrece en Oporto. Me pido lo más “raro” que encuentro en la carta.

Sopa de verduras, muy típico de aquí y una especie de bocadillo llamado Bifana

Por la tarde nos acordamos de que no hemos hecho ningún Free Tour así que no sabemos nada de la historia de Oporto. Como nos encontramos en la Praça da Liberdade, y justo enfrente tenemos un kiosko donde ofrecen tours gratuitos, nos quedamos con ese.

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El kiosco está por aquí

La guía se llama Rita y es licenciada en Historia. Nos lleva por prácticamente todo Oporto: La estación de San Bento, la Catedral, la Universidad, la Iglesia del Carmen, el Jardim de Cordoaria, la torre de los Clérigos, la librería Lello, y la Casa de la Bolsa. Básicamente todo lo que teníamos apuntado, aunque algunos sitios sólo nos los muestra por fuera.

La verdad es que recomiendo mucho este free tour. Éramos sólo 4 personas más la guía y se me hizo muy cómodo y acogedor.

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Estación de San Bento

Paremos un momento para comentar estos azulejos. Oporto está lleno de ellos y me encandilan. ¿Serán típicos de Portugal? Una rápida búsqueda en Google me indica que sí. Aparentemente, en sus inicios los azulejos se usaban de todos los colores, pero con el paso del tiempo se restringió al blanco y al azul. En Oporto dominan estos colores.

Cierro paréntesis, continuemos.

Como cuando acaba el tour es tarde, debemos escoger entre visitar la Torre de los Clérigos o la librería Lello, donde se inspiró JK Rowling para idear las escaleras de Hogwarts. Como yo ya estoy agotada, nos decidimos por la librería.

Para entrar en la librería, te obligan a pagar una entrada, pero si decides comprar un libro se te descuenta el valor de la entrada en el precio. En nuestro caso, ningún libro nos convence así que nos comemos el precio de la entrada enterito.

La librería es curiosa por dentro

Nada más salir de la librería, bajando hacia la Praça da Liberdade de vuelta la tranvía, encontramos una pequeña pastelería donde nos muestran un postre típico. Mi boca empieza a salivar.

Qué rico, Dios mío. Lo llaman “Nata”

Como no sabemos dónde vamos a ir a cenar, decidimos pensarlo en el hotel ya que estoy agotada. De camino paramos en el Corte Inglés, que nos queda justo al lado del hotel, a comprar toallas portuguesas, muy típicas. Me llevo una toalla y un camino de mesa. Cuidado, no todas las toallas que venden son de Portugal. Si queréis mi consejo, coged sólo las que lo especifiquen en la etiqueta. Las toallas portuguesas son consistentes, muy gruesas.

Al final decidimos que esta noche es nuestra última oportunidad para ver Fados, el canto típico portugués, así que vamos a un restaurante que ofrece cena y espectáculo. El restaurante se llama Santo Fado y se nota que está pensado para turistas. Cena + espectáculo te salen por 40€. Como no tenemos muchas más opciones, aceptamos.

Esto son sólo los entrantes. La comida estaba buenísisisisima.

Reconozco que el precio era caro, pero salimos muy contentos tanto de la cena como del espectáculo. Eso sí, id descansados ya que el espectáculo y cena duran más o menos tres horas.

Salimos muertos de sueño pero con el ritmo del fado aún en las venas. Os dejo el link de una de las canciones que escuchamos, y me voy a la cama.

Maria Lisboa – Mariza

¡Buenas noches!