Bom dia, Portugal

Buenos días, Oporto. Hoy es nuestro último día juntos. Hay que aprovecharlo.

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Nos levantamos pronto para aprovechar el último día en Oporto.

Aprovechamos la frescura de la mañana para subir a lo alto de la Torre dos Clérigos. Por suerte, la torre tiene una parte de exposición cada cierto grupo de peldaños, lo que nos da espacio para recuperar el aliento.

Reflejos del sol en lo más alto

Al bajar repetimos lugares que ya visitamos ayer con Rita. El mirador, la antigua cárcel, las letras gigantescas que indican “Porto.”, la catedral… Como ya escaseamos imaginación, decidimos visitar la Iglesia de San Ildefonso antes de ir a comer. Por fuera es curiosa, pero si os tenéis que desviar mucho de vuestra planificación, os dejo que os la saltéis.

Su fachada frontal está repleta de azulejos

Para comer vamos a un restaurante que desde fuera no parece demasiado apetecible pero que no está nada mal una vez te quitas los prejuicios. Se llama Casa Balsas y lo recomiendo por bueno y barato.

Jesús se pide la típica Francesinha y yo un plato brasileño del que ahora no recuerdo exactamente el nombre. La cuestión es que me lo he pedido porque pedirme una Francesinha para mí sola podía ser mortal. Es tal la bomba calórica que debería advertir que no es apta para embarazadas, enfermos del corazón o niños.

Eso sí, estaba buenísima

Después de comer, tenemos visita guiada en el Palacio de la Bolsa. El precio por un adulto es 9€. La verdad es que, pese a ser algo caro, me lo paso muy bien durante la visita. La historia del edificio es interesante y está bien explicado. Además, el Palacio esconde algunas sorpresas.

No me esperaba encontrarme con esta preciosidad

Este viaje ya se acaba chicos, por mucha pena que me de ya que me quedaría una semana más en este precioso país. Aún quiero visitar Lisboa y Sintra, así que sé que el adiós a Oporto no es un adiós, sino un hasta luego.

Para despedirnos de Oporto compramos un billete para el antiguo tranvía amarillo que recorre la ciudad. Me encantan los trenes y trenecitos turísticos, siempre intento cogerlos en todas las ciudades a las que viajo. En concreto, pagamos 3€ para que nos lleve hasta la desembocadura del Duero.

Me parece precioso

La última parada del tranvía nos deja algo lejos de las orillas del Atlántico, así que comenzamos a andar hacia allí. Hay un paseo para pescadores que te adentra unos cuantos metros en el océano. Pese a la robustez y poca delicadeza del paseo, nos sorprende una imagen bastante romántica, la de las olas rompiendo contra un faro cercano.

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Vale, no es el faro más romántico del mundo

Como se nos ha pasado el tiempo volando, tenemos que volver a la estación de San Bento, para recoger nuestras maletas de las taquillas.

Hecho esto, nos sumergimos en el metro, y Oporto poco a poco va quedando atrás.

Hasta luego.