¿Qué hay más allá de la puerta de Alcalá?

Una de las cosas buenas de tener a Jesús como pareja es que en materia de viajes, tiene una mente muy abierta. Antes de conocerle, para mí viajar por España no era viajar. Era ir a visitar a la familia, ir a algún evento, pero no viajar. No era hacer turismo. Me imaginaba el resto de ciudades españolas como un páramo de asfalto y ladrillo. Sin nada que admirar. Ni siquiera entendía a qué tanta admiración por mi Barcelona natal. Aparte de la Casa Batlló y la Sagrada Familia, ¿qué más ofrecía?

Conocer a Jesús hizo que conociera un país que no quiero dejar de recorrer. Este país me sorprende cada vez más. La Cataluña que me vio nacer es también madre de una pluralidad de paisajes impresionante (igual que de sus gentes) donde se puede encontrar mar y montaña en un entorno muy reducido. El aire señorial pero a la vez bohemio y artístico de Madrid me tiene encandilada. Sevilla me robó el corazón de un plumazo para no dejarlo ir jamás, enamorándome con su aroma a azahar y sus blancas fachadas. Palma de Mallorca desmontó mi prejuicio de destino de sol y playa para mostrarme un casco histórico precioso (eso sí, medio alemán). ¿Cómo no voy a amar esta tierra?

Pero hoy no venía a hablaros de lo mucho que me gusta España, (aunque me lío, me lío) sino de lo mucho que me gusta Alcalá de Henares. Un destino que, si no fuera por Jesús, probablemente no habría visitado. Desde luego, lo ciega que llega a estar una.

¿Podemos hablar de lo bonita que es Alcalá de Henares, por favor? ¿Podemos hablar de lo precioso que es su barrio judío, su casa de Cervantes y sus cigüeñas? ¡Sus cigüeñas! ¡Nunca había visto tantas! ¿Porqué nadie habla de esto?

Dejadme tomar un respiro y os contaré la historia de que hay al otro lado de la Puerta de Alcalá.

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Alcalá es una de estas decisiones fugaces que se dan en nuestra familia. Propuestas a las que yo siempre digo que sí, pues simplemente porque sí. En concreto, esta decisión nos deja en un autobús dirección Alcalá de Henares. Es jueves y, pese a que he tenido fiesta hoy, en mi pecho aún guardo parte del estrés de la semana. Como si me hubiera dejado algo importante por hacer.

Al llegar a Alcalá ya es hora de comer, así que recorremos sus calles adoquinadas durante, como mucho, 5 minutos, ya que ya sabemos dónde ir. A Indalo Tapas, una cadena de restaurantes que están por Alcalá y Madrid (y justo mientras escribo esto me entero que también están en Málaga). Está bastante bien, por menos de 3€ tienes una caña hermosota y una tapita que no está mal. Pues con un par de tapitas con sus cervezas correspondientes nos damos por comidos oye. Y tan ricamente. Tan ricamente, nos dirigimos hacia el hotel. El Hotel Cisneros. Por favor, no olvidéis este nombre, ya que Alcalá y Cisneros tienen una relación muy muy muy profunda. Os lo iré nombrando varias veces durante la entrada, y la entrada del segundo día. Pero ya llegaremos. ¡YA!

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¡Oh my God, Hotel Cisneros!

Debo reconocer que el hotel se encuentra algo más alejado del centro de lo que mis pies acomodados desearían. Aproximadamente a 20 minutos a pata. Llegamos sudados, sucios y cansados y lo único que quiero es darme una ducha.

Salimos del hotel y tomamos un autobús que nos dirigirá hasta los orígenes de Alcalá. Esto es, Complutum. Imagino que a todos os sonará la Universidad Complutense de Madrid (si sois españoles, al menos). Bien, esta Universidad solía estar situada en Alcalá de Henares, pero este es un tema que explicaremos más adelante. Lo importante es que esta Universidad saca su nombre de Complutum, la ciudad romana donde se originó Alcalá. Su antecesora.

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He aquí, Complutum

Alcalá mantiene ciertos restos de la antigua ciudad de Complutum, que se dividen en dos partes: Complutum y la Casa de Hyppolitus. Ambas están separadas por unos 10 minutos a pie y no son caras de visitar, pero aquí debo ser sincera. Son totalmente dispensables. Y si, como a mí, os hace gracia conocer la historia de las ciudades que visitáis y sólo tenéis tiempo de visitar una (porque no son especialmente céntricas), escoged la Casa de Hyppolitus. En ella también se explica la historia de Complutum, y la vi mejor conservada y más bonita.

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Casa de Hyppolitus

Tras acabar nuestra visita a la Casa de Hyppolitus, que reconozco que ha sido divertida, volvemos en autobús al centro de Alcalá.

Antes de continuar con nuestra ruta, hacemos una pausa para parar en un bar a merendar. Nos pedimos todo lo típico. Rosquillas de Alcalá y Costrada. Eh, flipas. Flipas, eh? Vale. Hacedme caso, lo tenéis que probar. Las rosquillas son una especie de dónut con glaseado de huevo, y la costrada es un pastel con sabor a almendra.

Ahora sí, retomamos la ruta. Lo siguiente en nuestra lista es la Plaza de los Santos Niños.

Antes de llegar, quiero recomendaros encarecidamente que os descarguéis, si tenéis pensado visitar Alcalá, la aplicación android oficial de la ciudad. Es una guía turística y, garrulamente hablando, mola muchísimo. No sólo te explica muy bien cada monumento, sino que además te va mostrando en el mapa aquellos que están más cerca de tu posición actual. La aplicación es Visita Alcalá.

Pues bien, gracias a esta aplicación nos enteramos de que la Plaza de los Santos Niños es donde se encuentra la catedral y nos introduce a dos personajes que, junto a Cisneros, nos acompañarán durante todo este viaje y durante el siguiente, en Toledo. Estos nuevos personajes son los Santos Justo y Pastor. Estos dos santos aparentemente fueron dos niños cristianos que por ser fieles a su fe, fueron ejecutados en la antigua Roma… Glups.

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La Catedral con su cigüeña particular sobrevolándola

A diez minutos de la Catedral se encuentra la puerta de Madrid. Sí sí, la puerta de Madrid. Seguro que ya os imagináis a qué se debe su nombre. Parece ser que antiguamente, si salías de la puerta de Madrid e ibas dirección a Madrid en línea recta, acababas en la puerta de Alcalá. Ahora se parece más a una cosa como esta:

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Casi casi

Aunque, la verdad es que, así como en Madrid se curraron la puerta de Alcalá, en Alcalá no se rompieron los cascos al hacer la puerta de Madrid.

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Es esto

Deshaciendo nuestros pasos, nos dirigimos al Palacio Arzobispal donde nació Catalina de Aragón, hija de nuestra querida y odiada Isabel I de Castilla (se nota que nos gusta la serie de RTVE “Isabel”, eh?).

Por un giro del destino, tenemos la suerte de estar en el lugar indicado, en el momento indicado, ya que la puesta de sol nos deja unas imágenes encandiladoras.

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La foto no hace justicia a la belleza del momento

Como el palacio arzobispal no se puede visitar, decidimos ir a cenar ya. Teníamos pensado ir a cenar a un restaurante llamado “La Seda”, pero la verdad es que me he llenado demasiado con la merienda y decidimos dejarlo. Volvemos al Indalo Tapas.

Después de cenar nos apetece tomar algo, y vamos a un sitio muy curioso llamado La Corrala Escondida. Para ser justos, debo decir que tiene muy buena pinta pero que no pude disfrutarlo. Al estar de vacaciones, no nos percatamos de que es jueves por la noche, y que el bar cierra a las 23:30 de la noche. Y nosotros hemos llegado a las 22:30. Entre que pedimos el cóctel y todo nos sirven a las 23:00, así que nos lo tomamos a toda prisa. El cóctel está buenísimo, pero no lo disfrutamos, y el local está medio a oscuras y vacío. Seguro que un sábado por la noche debe ser mucho mejor.

Agotados, nos retiramos al Hotel.

¡Hasta mañana!

 

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