Recorrido histórico por el Alcázar

¡Buenos días!

Esta será nuestra última noche en Toledo, y la verdad es que saberlo me deja una sensación nostálgica que no me gusta nada. No me esperaba llegar al tercer día y sentir que aún me queda tanto por ver. ¡Pero no adelantemos acontecimientos! O intentémoslo, a la gente como yo nos cuesta no sentir nostalgia el último día de un viaje.

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Hoy tenemos intenciones de visitar lo más gordo del viaje: el Alcázar y la Catedral. Además, por la noche tenemos reservado un tour nocturno con la compañía Cuéntame Toledo. Estoy muy emocionada, sobretodo por esto último, aunque parezca mentira.

¡Pero empecemos, por favor! Empecemos por el camino que sube hacia el Alcázar desde el Hostal Infantes. Desayunamos de camino una tostada con mantequilla y mermelada y un café con leche, y auguro que para el mediodía voy a tener bastante hambre. ¡Pero vayamos hacia el Alcázar!

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¡A por él!

Cuando llegas al Alcázar de Toledo, te sientes que estás a sus pies. Lo ves ahí, elevado e impenetrable. Tan impenetrable, que a no ser que la hayas visto con anterioridad o tengas suerte, encontrar la entrada se vuelve una tarea divertida. Nosotros la encontramos después de dar toda la vuelta al edificio. Cuando por fin llegamos a ella, vemos que indica que en el Alcázar se encuentra el Museo del Ejército. No es que no me interese, pero yo he venido a ver el Alcázar y no me vas a hacer cambiar de idea, cartelito.

Después de pasar el control de seguridad y descubrir que nuestro paraguas es considerado un arma igual de mortífera que una pistola o un cuchillo, continuamos hacia el interior del monumento donde nos reciben restos de un antiguo alcázar. Un alcázar que se remonta a los romanos, y ha sido usado por visigodos, musulmanes, cristianos y hasta como refugio de los soldados franquistas durante la Guerra Civil. Vamos, que este edificio tiene historia para dar y regalar.

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Y sin embargo…

Odio destrozar los sueños que yo misma os he creado, pero el Alcázar por dentro está completamente vacío. Si algo queda de él, no es visitable. Os preguntaréis: ¿porqué? Y yo os contestaré: ¿recordáis que os he dicho que fue escondite de los soldados franquistas? Pues es posible que os destroce otro sueño, pero ninguno de los dos bandos durante la guerra se preocupó de que este edificio quedara en pie. Las tropas republicanas se ocuparon de asediarlo  durante 70 días hasta reducirlo a escombros.

Imaginaros cual ha sido mi decepción, al esperar un Alcázar similar al de Segovia o al de Sevilla. Pero un momento. No os penséis que por estar hueco por dentro, nos ahorramos 3 horas y media de visita, pues efectivamente, el Alcázar de Toledo alberga el Museo del Ejército. Si queréis aprovechar la visita, y dar una vuelta por el museo, hacedlo sabiendo que no vais a aprender sobre el Alcázar, pero aprenderéis muchísimo sobre la historia de España, de sus tácticas militares, guerras, grandes reyes, etcétera. No todo podía ser malo.

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Detalle de la exposición

Cansados después de 3 horas y media de visita, con hambre, y una decepción muy grande, salimos del Alcázar y deshacemos nuestros pasos hacia el Hostal Infantes. No porque nos vayamos a hacer una siesta. Aunque me apetezca un montón, sino porque nos queda el segundo GRAN monumento del día. La pedazo Catedral que tienen nuestros amigos toledanos.

Durante estos dos días anteriores, la Catedral de Toledo ha sido nuestra referencia cuando nos perdíamos por la ciudad. La veíamos a lo lejos, pero no podíamos entrar aún en ella porque resulta que hoy es gratis. Que no fue gratis, al final. Pero nosotros íbamos con esa idea porque nos gustan mucho las cosas gratis. Fijaos bien en el enlace que os he dejado, ahí está toda la información.

Debo decir que, así como el Alcázar si os lo queréis saltar os dejo hacerlo, la Catedral de Toledo es o-bli-ga-to-ria. Y punto. Es posible que ya os lo hayan dicho, pero que es verdad, no es un bulo. Debéis verla. Eso sí, reservad también un par de horas como mínimo. Nuestra guía nos explica la Catedral de pe a pa, cada capilla y cada retablo.

Esta maravillosa joya que veis aquí se puede visitar dentro de la Catedral y está hecha de oro. Y no de cualquier oro. La mandó construir Isabel la Católica con la primera remesa de oro que trajo Colón de las Indias. De América, vaya.

Esta noche tenemos ruta nocturna como os he comentado, así que nos retiramos, ahora si que sí, para descansar un ratillo en el hotel antes de salir.

El tour comienza en la Plaza de Zocodover, y nos toca con Luis. El tour dura unas dos horas y me quedo asombrada de cómo consigue hacerlo de tal forma que nos enteremos de toda la historia de Toledo sin repetir ninguno de los lugares en los que ya he estado.

Luis nos lleva por palacios que han quedado abandonados, homenajes particulares a poetas muertos, estatuas en honor a la revuelta de los Comuneros. Historia y literatura se entremezclan de una forma muy romántica mientras paseamos solos y a oscuras por las calles de Toledo. Pasajes de la historia que nos han acompañado en Segovia, Sevilla y Ávila ahora nos vuelven a visitar, y todo cobra sentido.

Os he descrito lo que para mí ha sido una experiencia mágica. No me he sentido tan conectada con esta ciudad hasta ahora. No habría sentido la magia de esta ciudad de esta forma si no fuera por Luis. Y por ello, le estoy muy agradecida. Os recomiendo encarecidamente que hagáis esta ruta.

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Oscura y romántica

Eso es todo por hoy. Agotados, pero muy contentos, volvemos al Lizarrán para hacer nuestra última cena en Toledo.

Hoy es nuestra última noche.

¡Hasta mañana!