Segundo día en Dublín

Después de enseñaros la parte divertida de Dublín en el día de las cogorzas hoy toca enseñaros su contrapartida: el día de museos, iglesias y parques. Extraño, ya que soy de esas personas que siempre dejan lo mejor para el final. En este viaje lo he hecho un poco al revés.

De todas formas Jesús y yo disfrutamos en todos los ambientes, por suerte. Nos gusta el aire libre y la naturaleza, los museos e iglesias y la fiesta (más a él que a mí).

Así que nos despertamos muy emocionados por tener otro día entero para dedicarle a esta ciudad. Que aún nos queda mucho por ver. ¡Vamos allá!

 

Día 4

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Nuestra primera parada en el recorrido por la historia de Dublín es un museo llamado The Little Museum of Dublin. Lo encontramos en Tripadvisor por casualidad. Tiene muy buenas valoraciones y está pegado a nuestro siguiente destino: St. Stephen’s Green. 

Al llegar un señor muy amable nos indica que en breve comenzará un tour. El museo, como su propio nombre indica, es más bien pequeño, y por lo tanto se hacen visitas guiadas con grupos no muy numerosos.

Y, ¿en qué consisten estas visitas? Bien, básicamente se centran en la historia contemporánea de la ciudad, ya que este museo tiene una pequeña peculiaridad: su exposición la conforman donaciones recibidas por las gentes del país. Es decir, es como si nuestros abuelos donaran recuerdos personales de la Guerra Civil a un museo para que con ellos se hiciera una exposición.

Las salas están muy bien estructuradas de acuerdo a las diferentes épocas de la historia contemporánea de Dublín y el guía explica la historia de una forma muy entretenida y amena (aunque de algunas cosas que diga Jesús y yo no nos cosquemos).

Al acabar la visita me quedo con ganas de más y en la minúscula tienda de recuerdos que tiene el museo me compro un pequeño libro con ilustraciones que trata sobre la historia de Irlanda.

Concretamente, este:

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Muy bueno y fácil de leer, por si os interesa

Ahora sí, llega el turno de visitar St. Stephen’s Green.

Nada más salir de la puerta del Museo ya nos vemos rodeados de verde. A mí personalmente me encanta pasear por los parques, pero este en concreto parece ser particularmente relevante para la historia de la ciudad, lo que lo hace aún más interesante.

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Un pequeño pulmón en medio de Dublín

Y es que en este parque se vertió sangre inglesa e irlandesa. Como comenté en la entrada de ayer, Irlanda fue invadida durante muchos muchos años por los ingleses. Aproximadamente 800 años. Durante todo este tiempo los irlandeses nunca perdieron de vista su deseo de volver a ser soberanos, e incluso durante algunos periodos de tiempo parecieron conseguirlo.

Pues bien, en el año 1916 tuvo lugar en Dublín un levantamiento contra los ingleses. La ciudad se convirtió en un campo de batalla durante apenas una semana. Este levantamiento se llamó Easter Rising.

Todo esto viene a que en este mismo parque en el que nos encontramos, se escondieron oficiales ingleses, se levantaron improvisados hospitales para atender a los rebeldes y se derramó mucha, mucha sangre. Es asombroso visitarlo y pensar que en un lugar ahora tan turístico pudo pasar algo así.

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En esa carpita de ahí al fondo se levantó un hospital para atender a los heridos

¡Salimos del parque y vamos hacia nuestra primera (y única, me temo) iglesia! Toca ir a St. Patrick’s Cathedral. Una de las dos catedrales de Dublín. Sí, sí, tienen DOS catedrales. Se dice que la original era St. Christ Church, y que St. Patrick’s se hizo para sustituirla pero hoy en día las dos mantienen el título de Catedral.

Nuestra primera intención es visitarlas ambas, pero por falta de tiempo nos vemos obligados a escoger. Y escogemos St. Patrick’s. Quizás nos equivocamos, no lo sabemos.

La visita a la catedral es corta, ya que no es extremadamente grande. Pero tiene algunas notas curiosas que la diferencian de las catedrales que he conocido hasta ahora. Por ejemplo:

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Nunca me había encontrado banderas en una iglesia

La verdad es que si no tenéis mucho por hacer en Dublín, la podéis visitar pero si en cambio tenéis el tiempo justo os la podéis saltar perfectamente.

Salimos y vamos hacia la gran visita del día: Dublinia.

¿Que qué es Dublinia? Pues es un museo literalmente conectado por un puente con la segunda catedral de Dublín: St. Christ’s Church.

¿Y de qué va este museo? Pues te muestra básicamente cómo era la Dublín vikinga. Sí queridos, en Dublín hubo vikingos, y no sólo eso. Ellos fueron los fundadores de la ciudad. Vinieron de escandinavia y llamaron a este rinconcito “Laguna negra” o Dubh Linn, en irlandés.

Os recomiendo muchísimo este museo pues es interactivo y sobretodo si vais con niños es muy divertido y didáctico.

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A este pobre desgraciado le podías tirar pelotas a la nariz

Eso sí, preparad unas dos o tres horitas para esta visita. Nosotros salimos ya entrada la tarde, pero aún nos queda una última visita. El Castillo de Dublín.

Debo advertiros que el castillo no tiene pinta de castillo sino más bien de ayuntamiento. Aún así, la visita me parece entretenida y el castillo por dentro es bonito, aunque más moderno de lo que me esperaba.

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De este estilo

Sí que hay un tesoro escondido en este castillo. Durante muchos años este edificio fue residencia del virrey de Irlanda. Es decir, de un inglés. Con lo que me parece perfectamente razonable que este documento se encuentre aquí:

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Documento proclamando la República Irlandesa en el 1916 durante el Easter Rising. Con más valor simbólico que práctico

Al salir ya es hora de pensar en un sitio para cenar. Y más teniendo en cuenta que aquí se cena más bien prontito y aún nos queda un rato para llegar al apartamento.

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Además, empieza a llover

Decidimos tener nuestra última cena en Dublín en un pub cercano al apartamento. El pub elegido (totalmente al azar) es O’Sheas

Lo recomiendo muchísimo. Ni buscándolo nos podría haber salido mejor. Cenamos bien, con música tradicional irlandesa en directo, y además siendo atendidos de una forma más que amable.

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Curry vegetariano, muy bueno

Nos marchamos de O’Sheas tremendamente agradecidos por haber dedicado nuestra última cena en el país a este local.

Volvemos al apartamento. Mañana hay que levantarse pronto pues es nuestro último día en el país pero aún nos queda alguna cosa por ver. Así que aún no nos despedimos.

No hasta mañana.

¡Buenas noches!