Ça va, Montpellier?

Hola viajeros! ¿Cómo estáis?

La semana pasada no pude subir mi entrada semanal y debo pedir disculpas por ello. ¡Pero no os alarméis! Hoy os traigo un nuevo viaje a mi cuaderno de bitácora. Es un viaje algo antiguo, lo intuiréis por el hecho de que íbamos aún con abrigo, pero espero que os guste.

Se trata de una escapada totalmente improvisada. Un buen día estábamos Jesús y yo cenando en un restaurante cercano a casa, probablemente porque no nos apetecía cocinar aquel día, y vi una oferta de Flixbus en mi correo. No suelo prestar la más mínima atención a este tipo de correos pero ese día sí lo hice, y encontré una oferta muy buena para ir y volver a Montepellier desde Barcelona en autobús.

Y así lo hacemos. Emprendemos nuestro viaje hacia Montpellier desde la estación de autobuses de Arc de Triomf, en Barcelona.

No os voy a mentir, son unas cuantas horas de autobús, y hace bastante calor pese a ser invierno. Así que cómodo no se puede decir que sea. Eso sí, para lo que pagamos, está muy bien.

Llegamos alrededor del mediodía y nos dirigimos directamente al apartamento, contratado a través de Airbnb. Más que apartamento, podríamos decir que es un corral reformado. Es pequeño, aunque debo reconocer que el espacio está bien aprovechado. Sólo hay un problema: la puerta. El apartamento está a pie de calle y su puerta…

Vale más una foto que mil palabras

Miedito me da. Con lo cagada que soy yo con estas cosas.

Dejamos los bártulos y nos dirigimos hacia el centro, estamos ansiosos de saber cómo es la ciudad, y de comer, para qué engañarnos.

No podía faltar un buen arco de triunfo

La verdad es que el centro no me desagrada, al contrario, me sorprende gratamente. Nada más llegar al centro nos encontramos con este majestuoso arco de triunfo, en frente un parque de dimensiones considerables. Parece la puerta de entrada a la ciudad, y ¡vaya bienvenida!

Son casi las 3 de la tarde, y estamos en Francia con lo que empiezo a preocuparme por si nos servirán en los restaurantes. Vagando por las callejuelas del centro, sin un rumbo fijo, encontramos un buffet libre vegetariano, con la mala suerte que (como ya me imaginaba), están prácticamente acabados todos los platos con lo que tenemos que conformarnos con lo que pillamos.

No acaba siendo una comida demasiado agradable, la verdad.

Como estamos reventados, volvemos al apartamento para hacer una siesta

Cuando cae la noche en Montpellier, volvemos a salir, como los vampiros. A todo esto, son las 7 de la tarde, no es que hayamos estado toda la tarde durmiendo.

El arco de triunfo y el centro tienen otro aire al caer el Sol, y la verdad es que la ciudad me sorprende mostrándose bastante bulliciosa.

Antes de continuar nuestro recorrido, decidimos parar a tomar una crepe. Que por algo estamos en Francia! Y yo necesito mis dosis diarias de chocolate para aguantar un viaje.

Nos decidimos por este céntrico local

Una vez con el estómago lleno, podemos continuar con el recorrido.

Llegamos a una plaza bastante amplia que parece ser donde está el meollo de la cuestión pues nos encontramos música, un mercado navideño y bastante gente paseando.

Así de animada nos da la bienvenida Montpellier

Mientras paseamos por el mercado navideño, a mi me entra la urgencia de comprar algo, señal de que los comerciantes están haciendo bien su trabajo. Lo más barato y que más llama nuestra atención son unos macarons caseros de uno de los puestecitos.

El mío es de coco y el de Jesús de chocolate

El cansancio empieza a hacer mella en nosotros y la verdad es que a estas horas no tenemos muchas opciones para visitar en la ciudad. Volvemos al apartamento mientras buscamos un lugar para cenar.

El día de hoy ha sido corto, pero aún nos queda un día y medio más para disfrutar de esta ciudad. Para mi opinión, más que suficiente.

Mañana espero veros aquí para explicaros más y mejor!

Hasta mañana!