Último día en Montpellier

Hoy es nuestro último día antes de retomar el autobús hacia Barcelona. Nos lo vamos a tomar con calma pues la verdad es que tampoco nos queda tanto por ver en la ciudad.

Esta noche ha llovido y el cielo parece estar aún indeciso. Así da gusto pasear. Volvemos a subir la cuesta que nos lleva hacia el centro de la ciudad, donde nos espera el mismo Arco de Triunfo de cada día. Hoy, sin embargo, lo veo con nuevos ojos. Bajo el manto nublado y sobre el suelo húmedo, la imagen se me antoja poética.

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No puedo evitar hacerme una foto

El día es frío, y Jesús y yo paseamos mientras intentamos captar con la cámara el vapor que sale de nuestras bocas. A nuestros ojos, somos dragones. A los ojos de la cámara, sólo memos.

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Sss…… no.

Nuestra intención es ir a visitar la Catedral, pero en cuanto llegamos a sus puertas un cartel nos informa de que se encuentra en obras y por lo tanto no se puede visitar. Al menos podemos rodearla y fotografiarla.

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El color rojo de su puerta es muy atractivo

Decepcionados, y con poco margen de decisión, paseamos por un parque cercano en busca de un nuevo destino. En nuestro descarrío nos encontramos con un gato callejero que, igual que nosotros, busca su camino con indecisión.

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Nuestro adorable compañero de viaje

Al salir del parque adyacente a la catedral, cruzamos una calle y nos damos cuenta que bajo nuestros pies hay un parque botánico. Ni Jesús ni yo somos muy fans de dichos parques pero ahora mismo es nuestra mejor opción.

Lo recorremos, y como ya esperábamos, nos deja indiferentes.

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Era un parque bastante grande

Salimos y, por desgracia, se nos ha acabado el tiempo en la ciudad. Volvemos al hotel y recogemos nuestras cosas. Nos espera un largo camino hacia la estación de autobuses, y aún un camino más largo de nuevo a nuestra ciudad.

Adiós Montpellier. Has sido un destino de fin de semana más que agradable.