Voluntariados

Es posible (y probable) que no lo sepáis, pero el próximo viaje que os voy a explicar es uno que he hecho este mismo agosto y que ha durado 2 semanas, en San Petersburgo.

Os preguntaréis cómo he podido pasar dos semanas en San Petersburgo, aunque la verdad es que es una ciudad baratísima. Pues bien, he ido a hacer un voluntariado.

Es posible que no sepáis a qué me refiero, ¿los voluntariados no son lo que hacen las ONG en Kenya? Tranquilos, que hoy vengo aquí con la intención de despejar todas vuestras dudas al respecto y explicaros mis experiencias.

¿En qué consiste un voluntariado?

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Voluntariados hay de muchos tipos, puedes escoger hacer uno en tu país o fuera de él, trabajando con niños, restaurando edificios, limpiando, enseñando inglés… Lo que importa es que estés dispuesto a dejar tu granito de arena pues si vas a un voluntariado, vas a trabajar. Obviamente, también habrá ratos de ocio en los que puedas visitar tus alrededores pero ten en cuenta que unas 6 horas al día te las vas a pasar currando.

¿Dónde puedo apuntarme a un voluntariado?

He hecho 3 voluntariados a lo largo de mi vida, y todos los participantes venían de organizaciones diferentes. En mi caso, al ser catalana, usé una organización catalana: Cocat. También existen otras organizaciones como el Servicio Civil Internacional. Y otras privadas donde os sablarán más pasta.

¿Ah, que hay que pagar?

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Sí queridos. Se pagan las tasas por la gestión, al menos en aquellas organizaciones sin ánimo de lucro, como Cocat o el Servicio Civil, en las otras pagas bastante más. Como importe orientativo, el Servicio Civil Internacional pide 130€ como tasas de gestión. En Cocat el importe es más o menos el mismo. Además, el vuelo os lo pagaréis vosotros.

Pero, ¿esta gente qué gestiona?

Pues poca cosa, la verdad. Hacen más que nada de intermediario entra la organización de acogida y tú. Por ejemplo, en mi último voluntariado a Rusia, debía presentar una carta de invitación de la organización de acogida para obtener el visado y Cocat se encargó de proporcionármela.

Pues vaya, y entonces ¿qué me pagan ellos?

La organización de acogida cubrirá el alojamiento, que normalmente se dará en unas instalaciones preparadas por ellos, la comida y en algunos casos hasta el transporte urbano que uses allí.

¿Y qué voy a hacer allí?

Pues bien, como os he comentado, hay varios tipos de campo de trabajo en los que se desempeñan funciones bien distintas. Para ilustraros un poco sobre lo que puede suponer un campo de trabajo, os voy a resumir muy rápidamente mis tres experiencias.

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A mis 18 años decidí dejar los campamentos de verano a los que mi padre me obligaba a ir y le puse sobre la mesa mi verdadera pasión:

Tú quieres que me vaya por ahí este verano, y lo que yo quiero es irme fuera de este país. No sé cómo lo ves tú pero buscar un campamento internacional nos beneficia a ambos.

A mi padre le convenció la idea y juntos empezamos nuestra búsqueda de un campo de trabajo emocionante y, por supuesto, por Europa. Concretamente nuestra búsqueda nos llevó hasta Alemania, Dresden.

El campo de trabajo tuvo 3 semanas de duración y consistía en estar en un museo, concretamente la exposición internacional Ostrale, como vigilante de sala. El trabajo ocupaba unas 6 horas diarias, en turnos de mañana y de tarde, 5 días a la semana. El resto del tiempo era para ti, y residías en un apartamento junto al resto de voluntarios.

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Mi segunda experiencia en un campo de trabajo fue en Italia, concretamente en Nápoles. Esta vez fui acompañada de una amiga y sólo estuvimos allí dos semanas.

El trabajo, por así llamarlo, consistía en hacer obras de arte con objetos reciclados para concienciar a la población de la importancia de proteger el medio ambiente. Era un trabajo relajado, y tenías toda la tarde libre para visitar la ciudad. En los fines de semana hacíamos excursiones por los alrededores.

El alojamiento consistía en un piso con varias habitaciones con literas que había que compartir con el resto de voluntarios.

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Finalmente, este ha sido mi tercer campo de trabajo. Durante dos semanas, he estado compartiendo techo y tareas con las monjas de un monasterio ortodoxo en San Petersburgo.

En las próximas semanas os contaré mis experiencias en este rincón del mundo. Por ahora, espero que esta información os sea útil y os anime a participar en este tipo de proyectos, pues para mí ha sido una experiencia inolvidable.

¡Nos vemos a la próxima!

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