El día en que descubrí Escocia

El primer viaje familiar se intentó hacer el año pasado, intentando juntar a toda la familia para ir a Noruega. Al final resultó ser un viaje en petit comité, formado por mis suegros, Jesús y yo. Se convirtió en el mejor viaje de nuestras vidas y aún lo guardamos como oro en paño en nuestra memoria. En 2018 nos propusimos un objetivo aún más ambicioso: ir todos juntos. Cuñadas, sobrinas, con-cuñados, suegros, amigos y nosotros. El destino se decidiría por votación popular el 1 de enero. Hubo diferentes propuestas, cada uno aportó la suya. Islas Feroe, Croacia, Múnich, Santorini, Budapest y Escocia, entre otros.

En una votación donde hubo cierta manipulación del resultado, Escocia salió vencedora. Al no haber puesto suficientes reglas para evitar la adulteración de la votación nos vimos obligados a reconocerla.

Escocia nublado

Fotografías como esta fueron las que compraron nuestros votos

Así empezó nuestra odisea, organizar y coordinar a 7 personas hacia Escocia. Pese a todas las dificultades que nos encontramos, al tocar suelo escocés se pasaron todos nuestros males. Cruzamos Glasgow en un emocionado suspiro para aterrizar en una decepcionante visita a Stirling. Subimos a lo alto de la montaña que alberga el monumento nacional a William Wallace.

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Monumento a William Wallace

Esta fue la primera parada que me enamoró de este país. ¿Qué hacía ahí esa torre que parecía sacada de El Señor de los Anillos? Subir esa montañita se me hizo más fácil de lo que me esperaba y me hizo conectar con la naturaleza, eso que tanto me relaja.

Al bajar nos dirigimos a nuestra siguiente parada: Edimburgo. Una ciudad de cuento, mágica. Nos recuerda a muchas cosas, a algunos a Harry Potter, otros a Jack el Destripador. No sé cómo describir el sentimiento, pero me limitaré a deciros que es un deber visitarla y que en parte me arrepiento de no haber pasado más tiempo en ella.

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Nocturna de Edimburgo

En Edimburgo visitaremos varios emplazamientos, como su castillo, situado a lo alto de una colina. No os esperéis un castillo convencional pues parece más bien moderno. En su interior hay varias cosas por visitar con explicaciones sobre las costumbres de la época o las joyas de la corona escocesa. Es decir, podéis invertir varias horas en él.

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Detalles del Castillo de Edimburgo

Nuestra salida de Edimburgo es traumática, y en parte me marcho arrepentida de dejarlo, en parte con las expectativas de ver qué nos depara el resto del viaje. Y es que a continuación vamos a nuestra última parada: La isla de Skye. Nos quedamos en un albergue de nueva construcción donde estaremos prácticamente solos.

Cuando llegamos a nuestro destino nos maravillamos por el paraje privilegiado en el que se encuentra el albergue, y yo me enamoro más y más gracias a la presencia de vacas y ovejas a las que amo con todo mi ser.

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No puede ser más cuqui

Dentro de la isla de Skye visitaremos varios sitios como el Fairy Glenn, de donde dicen que vienen las hadas o el Old Man of Storr, una maravillosa montaña de la época de la glaciación.

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Old Man of Storr

En Old Man of Storr será donde mi amor por Escocia llegue a su súmmum, pues paseando en soledad por sus rocas y césped viviré una experiencia casi mística.

El broche final a nuestra escapada será durante nuestro viaje de regreso a Glasgow por carretera, cuando nos toparemos por sorpresa con un castillo de cuento de hadas y con un tiempo maravilloso que le dará un aura misteriosa.

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Una grata sorpresa

Escocia fue una dura competidora de nuestro otro gran viaje: Noruega. Me muero de emoción por explicaros con más detalle cómo fue nuestro viaje y sobretodo, compartir con vosotros mi amor por este antiguo reino.

Escocia fue un sueño al que espero regresar.