Explorando la Isla de Skye – (1)

¡Buenos días viajeros!

Hoy vengo a explicaros la continuación de nuestro viaje a Escocia. Y es que después de quedarnos maravillados por nuestra visita a Edimburgo pensamos que todo lo demás nos sabría a poco.

La isla de Skye se mencionó durante la planificación del viaje cuando creímos que la planificación ya estaba hecha y que sería complicado meter la isla en la misma. Tampoco teníamos idea de en qué consistía exactamente esta isla pero a mi cuñada le habían dicho que era una isla muy bonita y tenía ganas de verla así que lo intentamos.

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Llegar hasta la isla desde Edimburgo es un viaje largo, pero vale la pena

Si venís de Edimburgo y decidís visitar esta isla, podéis hacerlo pasando por Inverness (aunque es dar más vuelta) y visitar el Lago Ness si os hace mucha ilusión. Nosotros hicimos noche en esta ciudad y continuamos nuestro trayecto hacia la isla. Durante el recorrido en coche, pasamos por bosques dignos de cuentos de hadas como el de la foto de arriba.

El camino está repleto de vacas y ovejas, cosa que me vuelve loca. Nos bajamos del coche de vez en cuando para hacerles una foto. Yo les envío palabras de amor y les imploro que dejen achucharse pero no las convenzo. No encuentro ninguna oveja que me ame.

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No me niegues tu amor, que yo te amo

Lo primero que hicimos fue dirigirnos hacia nuestro albergue para dejar las maletas y hacer el check-in. El albergue parecía de nueva construcción pues cuando lo reservamos no tenía ninguna opinión en Booking. Concretamente era Torrin Bunkhouse. Ahora tiene una puntuación de 8.4 pero para mí se merece un 10.

Solo de llegar al albergue el paisaje que lo rodeaba nos sobrecogió. Era mucho más impresionante que lo que habíamos visto en las fotos de Booking. Eso sí, para acceder necesitaréis coche sí o sí.

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Vistas del paisaje desde el albergue

Nos vamos del albergue sin hacer el check-in pues al parecer hemos llegado demasiado pronto. Nos indican que nos enviarán un correo por la tarde con el código de la puerta para abrir, así que realmente no hace falta que hagamos ningún check-in formal.

Después de comer un bocadillo en el coche nos dirigimos hacia nuestra primera visita en esta isla, un lugar que me hace muchísima ilusión: el Fairy Glenn. Parece ser que según las leyendas de aquí venían las hadas, así que allá vamos.

Llegamos agotados y sin una idea de si vamos por buen camino, pues al no haber mucha cobertura en la isla no nos fiamos ni de Google Maps. Al fin, parece que llegamos a una zona de parking donde podemos ver otros turistas.

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Esto es lo que os encontraréis cuando visitéis el Fairy Glenn

Fairy Glenn resulta sobrecogedor pese a ser una montañita con curiosas formas, y por suerte no lo encontramos demasiado masificado. De repente nos dispersamos por el lugar y empezamos a subir y bajar montañas, correr y tirar fotos. Las ovejas parecen sentir vergüenza ajena.

Las espirales formadas por piedras en el suelo parecen de otro mundo, así que es comprensible que las leyendas digan que las hicieron las mismas hadas. En el centro de la espiral, la gente entrega ofrendas a estos seres místicos. Yo me limito a observarlas y a disfrutar de su presencia sin perturbarlas.

Ofrendas en el centro de la espiral

Cuando el sol empieza a bajar, nosotros también bajamos de nuestra montaña, pero no nos vamos a dormir aún pues todavía queda tiempo para una visita más. Una visita tan emocionante y única que prefiero explicárosla en otra ocasión.

¡Hasta la próxima!

 

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